notas

Redes y medios como arma de fuego.

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-Miércoles 10 de junio de 2020-

Una crisis tras otra, así parece ser la nueva normalidad de nuestro mundo. Y en medio de cada crisis, resuena el eco de millones de voces queriéndose hacer escuchar desde las redes sociales. Juan Carlos Ortega Murillo, Joaquín Vargas Zamora y Danilo Lechado, iniciamos nuestra conversación con este tema, para luego extenderlo al papel de los grandes grupos mediáticos, la búsqueda de la verdad, el mundo post-pandemia y la recuperación económica de Nicaragua.

Para escribirnos sobre éste y otros temas: sandinista@ms4m.org

¿Qué papel juegan las redes sociales en el contexto de la crisis que azotó a Nicaragua con el intento de golpe de 2018 (y sus efectos negativos sobre la economía del país) y la actual crisis que golpea al mundo, con la pandemia 2020?

Juan Carlos:
En las redes sociales cada vez se imponen más los aspectos negativos que los positivos. Tienen la capacidad de ser una herramienta para acercarnos, pero, en cambio, cada vez nos alejan más del mundo real y nos encierran en esas burbujas de pequeñas realidades o verdades que cada individuo construye a partir de las personas y cuentas con las que decide interactuar.
Otro problema, que ya se ha discutido, es que no ponen un límite claro entre Libertad de Expresión y Libertinaje de Expresión. Esto ha servido de base para fomentar la multiplicación de las Noticias Falsas, que hoy en día dominan en gran medida la dinámica de las redes sociales.
Y luego está la manipulación ejercida sobre el contenido de las redes, ya sea desde laboratorios de bots o reclutando a personas y cuentas influyentes, para instalar los temas que resultan de interés a los diferentes grupos de poder en el mundo, valiéndose de las noticias falsas, el libertinaje de expresión y la construcción de realidades alternas.
¿Qué pasó en 2018 con el intento de golpe? Muchos meses antes ya se venían haciendo, principalmente desde las redes, varios intentos para instalar temas que generaran malestar social en contra del gobierno sandinista. Y, tanto al inicio como durante el desarrollo del intento de golpe, la oposición y sus patrocinadores desde Estados Unidos, ejecutaron una estrategia dirigida a falsear la realidad de lo que estaba pasando en el país para golpear emocionalmente a las personas, en lo que se conoce como Guerra Psicológica. Esto se multiplicaba desde los laboratorios de bots, para tratar de llegar a la mayor cantidad de público posible. La falta de control en las redes sociales sobre el límite entre Libertad y Libertinaje de Expresión, así como la falta de control sobre las publicación de Noticias Falsas, facilitó este trabajo.
Y para cohesionar la base social de los simpatizantes con el golpismo, hicieron el llamado aquél a bloquear a todos los sandinistas en las redes, con el infame #BlockTheSapo, cuyo objetivo era encerrar a las personas en esas burbujas de pequeña realidad, en donde no existe discurso que disienta de la línea de pensamiento del individuo.
Hoy en día, con la pandemia del Covid-19, tratan de repetir el mismo esquema. Pero este es un problema global, que estamos viviendo todos en todo el mundo, y eso les dificulta un poco más el trabajo. Además, creo que mucha gente aprendió la lección sobre manipulación en redes sociales después de 2018.

Danilo:
El principal papel es el de generar miedo entre la población. Con el miedo es más fácil manipular y promover odio contra un objetivo definido. Además, como parte de una estrategia de guerra no convencional, o guerra híbrida, los grupos hegemónicos utilizan las redes para contaminar la información que llega a la gente y crear una narrativa favorable a sus intereses. Aquí la principal herramienta son las llamadas Fake News, o noticias falsas, con las cuales se activan y entremezclan cuentas de personalidades e instituciones reales con cuentas falsas (troles, bots, etc..) que mienten, polarizan y tratan de dar la imagen de un “consenso” que en realidad no existe.
En términos económicos, el miedo y el odio son un lastre para la dinámica que necesita tener un país para desarrollarse.

Joaquín:
Las redes sociales, como medio de comunicación, sirven hoy en día de múltiples maneras: sirven para generar opinión, para censar opinión, para trabajo de inteligencia, para trabajo de comunicación explícita e implícita, para recaudar, generar y manejar información…
Vivimos en la era de la revolución económica informática, donde el bien de intercambio más codiciado y más caro es la información. Los gobernantes y actores políticos, con pretensiones y ambiciones de poder, dependen de esa información para poder justificar sus acciones, justas o no, y en ese sentido, siempre sale mejor “hacerse la fama primero”… y después actuar de la manera más maquiavélica posible para triunfar.
En Nicaragua, en el 2018, nos tocó un despertar fuerte al respecto de la validez y veracidad de las redes sociales y los medios de comunicación en general, y llegamos a entender todos, independientemente de tu lado dentro del conflicto, que los medios de comunicación no son más que una maquinaria propagandística al servicio de quien financie la operación.

¿Es muy diferente del papel que históricamente han desempeñado los grandes grupos mediáticos a nivel nacional e internacional?

Danilo:
El objetivo es el mismo, pero el alcance de las redes es mucho mayor. Los llamados medios tradicionales (TV, radio, periódicos), aunque son medios masivos, han tenido y tienen limitaciones. En cambio, con la masificación de los teléfonos celulares (principal puerta de entrada a las redes sociales) y el internet, estos aparatos se han convertido en una extensión de nosotros mismos, “un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo” como el reloj de cuerda de Cortázar. No hace falta esperar esperar nada, el celular te notifica y uno acude al llamado obedientemente.

Juan Carlos:
Se complementan. A la hora de construir una estrategia comunicacional, de la naturaleza que sea, se deben conjugar los medios tradicionales con las redes sociales y medios digitales -e inclusive la comunicación directa, persona a persona-. Entonces sucede lo mismo cuando se desarrolla una estrategia comunicacional con fines políticos, en este caso para derrocar a un gobierno legítimo. Se trabaja una línea coherente y complementaria entre medios tradicionales (nacionales e internacionales), redes sociales y medios digitales (nacionales e internacionales). Aquí cualquiera de las tres vertientes puede instalar el tema, pero unen fuerzas para multiplicarlo y explotarlo.

Joaquín:
El papel es el mismo. El método es lo que tal vez ha cambiado un poco.
El acceso a la información ha obligado a los “hiladores de la verdad” a idear formas de hacer que la información que ellos te presentan parezca veraz y cualquiera que la contradiga parezca falsa, y sus contrincantes harán exactamente lo inverso.
Desde la revolución francesa hasta principios del siglo 21 los medios de comunicación Judíos y Burgueses permitieron a las vanguardias capitalistas y comunistas hacerse del poder frente al poder monárquico y religioso. Ellos tenían un “monopolio” sobre la información y los medios de comunicación permitían dar una “alternativa” a la forma de vida impuesta.
Con el siglo 21 empieza la revolución informática, el libre acceso e intercambio de información. Y en un principio la veracidad y calidad de la información era tan discriminada y tan exclusiva que prácticamente de la noche a la mañana destruyó la credibilidad de los medios de comunicación tradicionales. Los dueños y operadores de estos medios tradicionales ni cortos ni perezosos se encargaron entonces de inundar el internet de información, indiscriminadamente, información veraz y falsa, toneladas de ella, para que fuera imposible discernir entre una y la otra.

¿Cómo debe, cada individuo, construir su propia verdad?

Juan Carlos:
Hay que ver, escuchar y leer todas las fuentes de información. No podemos cerrarnos en nuestro propio discurso, dando seguimiento únicamente a los que piensan igual que nosotros.
Tenemos que conocer las diferentes líneas de pensamiento que se desarrollan más allá de la nuestra. Y lo hacemos con un enfoque crítico y autocrítico.
Esto nos da un panorama amplio sobre los diferentes temas, lo que al final nos permite construir una idea más clara sobre lo que está pasando.

Joaquín:
De manera discriminante y escéptica. Debemos abordar el proceso de recaudar información de todos los lugares posibles e intentando siempre alejarnos de nuestro propio sesgo intelectual, político o emocional. Y luego recurrir al viejo y comprobado método científico; a partir de nuestra recaudación de información plantear una hipótesis, llevar a cabo experimentos que permitan comprobar o falsear nuestra hipótesis y después someter nuestros descubrimientos al escrutinio de personas que consideremos críticas y con criterio, que de manera científica también abordarán nuestros planteamientos y nos darán sus perspectivas al respecto. Dicho de otra manera, la verdad se tiene que construir de manera colectiva, o no es verdad.

Danilo:
Para comenzar, uno tiene que aprender a blindarse frente a la manipulación y la mentira. Esto se logra con conocimiento adquirido, conciencia y formación política. Luego, creo que se trata de entender que hay tantas verdades particulares como individuos existen en el planeta. Cada cabeza es un mundo. En medio de ese océano de culturas, personalidades, actitudes, prejuicios y experiencias, el deber revolucionario es encontrar las soluciones más justas a los problemas del mundo; es decir, encontrar el Bien Común.

¿Qué podemos esperar del mundo una vez superada la pandemia 2020?

Joaquín:
La instauración, de manera más obvia, de las directrices sociales del nuevo orden mundial: menor libertad ciudadana y constitucional, menor libertad de culto, religión y cultura, una disminución de la influencia de la familia y la comunidad en nuestra vida diaria, mayor totalitarismo, la derogación de los derechos humanos y de la democracia… Un cruce entre “1984”, “Brave New World” y “La Matrix”… un futuro distópico sin duda.

Danilo:
Es impredecible. Acabando con la sensación de emergencia sanitaria frente al Covid-19, pienso que el enfoque será la recuperación económica. ¿Bajo el esquema de economía globalizada que veníamos siguiendo o bajo economías cada vez más cerradas? Creo que la pandemia aceleró la confrontación entre dos visiones e intereses capitalistas. Si un grupo termina imponiéndose al otro, o si se entenderán entre ellos o acaban aniquilándose mutuamente, es algo que está por verse.
Además de eso, tenemos la guerra fría entre la República Popular de China y Estados Unidos. ¿Prevalecerá una sobre la otra? El Covid-19 expuso las capacidades de estas dos potencias, quedando EEUU como una nación dividida e incapaz, mientras que China dio muestras de lo que debe ser una verdadera potencia mundial.

Juan Carlos:
No grandes cambios. Las clases dominantes en el mundo, la doctrina dominante, se va a reacomodar en función de sus intereses. Va a cambiar lo que tenga que cambiar para poder seguir cumpliendo su agenda. Y los países que vivimos procesos revolucionarios seguiremos trabajando en función de los intereses del pueblo, adaptándonos a la dinámica global, administrando (siempre) un sistema que no es el nuestro, para dar respuesta a las necesidades e intereses de las grandes mayorías.

¿Podrá Nicaragua recuperarse del golpe de la crisis económica derivada del intento de golpe de 2018 y de la crisis económica producto de los efectos de la pandemia sobre la economía global?

Juan Carlos:
Nicaragua, con el gobierno sandinista, ya demostró su capacidad para sobreponerse a grandes crisis económicas. La crisis financiera de 2008 es un buen ejemplo. Nuestro país, con el Frente Sandinista en el gobierno, supo jugar en medio de aquella tormenta y salió de ella con un crecimiento económico sostenido (y sostenible) de entre el 4% y 5% anual.
Igualmente, después de los efectos devastadores del intento de golpe de 2018 sobre la economía del país y con la traición de los grandes capitales de la empresa privada de Nicaragua, el gobierno sandinista reestructuró su estrategia y ya veíamos resultados positivos y un futuro prometedor a principios de este 2020.
Ahora, que al mundo se le vino encima esta nueva crisis con la pandemia, el solo hecho de no haber dejado de trabajar, de seguir con la producción en el campo, de mantener activos los motores de nuestra economía, es un buen augurio para reconocer que tendremos resultados positivos en el mediano plazo.

Joaquín:
El Tercerismo del Danielismo (Ortega-Murillismo), por su naturaleza inclusiva y su capacidad de usar tanto herramientas comunistas/socialistas como capitalistas, garantiza que las libertades sociales, económicas, culturales y constitucionales de Nicaragua seguirán en pie, soberanas y viables ante el nuevo orden mundial.
Nos perfilamos, entonces, como uno de los últimos bastiones de las libertades personales y económicas del mundo.
Dicho de otra manera, los estándares bajo los que mide el nuevo orden mundial a los países y por lo que los subyuga y reprime, nosotros como país los cumplimos manteniendo nuestra libertad y soberanía, producto de nuestra buena administración y de una corrupción que se mantiene a raya.
Lo que está por verse, es si podremos seguirle haciendo frente de manera galante a las embestidas de las fuerzas enajenadoras del mundo, como lo hemos hecho hasta hoy.

Danilo:
Si el Frente Sandinista no estuviera en el gobierno, Nicaragua habría caído en la más absoluta quiebra económica y moral. Si hay algo que sabe hacer el Sandinismo es activar las energías creativas y productivas del país. Salimos de la crisis de 2008 y pusimos al país en la mayor bonanza económica de su historia, para todos, no sólo para unos cuantos. Hay cantidad de testimonios de personas que reconocen que hasta hace poco más de 2 años estaban en la gloria en comparación con la situación después de abril 2018. Después, derrotamos el golpe y ya observábamos una recuperación constante de la actividad económica, hasta que llegó el Covid y una nueva crisis económica mundial. No tengo dudas de que sólo con el Sandinismo es que Nicaragua saldrá adelante y volveremos a ser el país que todos soñamos. ¡Sólo el Sandinismo nomás!

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